El trastorno es tratable y tiene un buen pronóstico, aunque este depende de:
- La precocidad en el diagnóstico.
- La idoneidad del tratamiento.
- La constancia en el tratamiento con la ayuda, paciencia y comprensión de los padres.
- La comprensión y actuación frente al trastorno en la escuela por parte de los profesores, cuya actitud y colaboración es fundamental para la buena evolución del trastorno
- La intensidad con que se presenten los síntomas y la presencia o no de otros trastornos asociados, (ansiedad, depresión, trastornos de aprendizaje etc.).
El TDA-H es un trastorno que debe ser tomado muy en serio, ignorar su existencia o pensar que es un problema pasajero propio de la infancia que desaparecerá con el tiempo, puede tener graves repercusiones emocionales, familiares, escolares, sociales y laborales en los afectados.