- Parece que tiene un “motor interno” siempre en marcha.
- Mueve frecuentemente manos y pies, se remueve en la silla, golpetea con algún objeto, rompe gomas etc.
- Se levanta constantemente y va de un lado a otro sin finalidad concreta, solo por moverse.
- Habla en exceso.
- Hace ruidos o sonidos inapropiados con la boca.